Rosa Cerna Guardia logra, desde
muy temprano en su obra, separarse de la literatura infantil reincidente en los
relatos saturados de exotismo y que recurrían para todo a lo providencial para
la solución de cualquier problema que se presentara en el argumento de la obra,
rasgo propio de la literatura infantil tradicional.
Presenta así niños y niñas muy
cercanos a la realidad de sus lectores comunes y corrientes, dentro de la casa
paterna, junto a las mascotas, inmersos en los sentimientos hacia la familia y
hacia los amigos. Y esto, sin necesidad de caer en la crudeza que muchos
autores realistas buscan inclusive a propósito y como objetivo.
Sin embargo, esta vuelta hacia
al mundo inmediato y cotidiano no significa que la autora se aleje ni pierda el
rico venero de la fantasía, sino muy por el contrario la asimila, pero con
sutileza y hechizo.
Rosa Cerna Guardia
2. Magia
de la palabra
Lo innovador en ella es que su
prosa hace de una actividad cotidiana, como puede ser alimentar a una mascota,
una aventura llena de sentimientos y a la vez sortilegio asumidos con dulzura,
divagación y éxtasis, ¡y magia de la palabra!, muy propios de la literatura
infantil.
Sus descripciones desbordan
cariño hacia el paisaje del lar originario, hacia la persona confidente, a los
primeros sentimientos complejos que siente el ser humano en su infancia. Y es
que Rosa Cerna propone mundos utópicos que los niños pueden anhelar y vivenciar
a través de sus páginas y poner en práctica en su realidad inmediata.
En cuanto a los temas, debemos
señalar tres predominantes en la obra de Rosa Cerna Guardia. Ellos son: la
comprensión, la inclusión y la solidaridad. Este último es quizás el tema más
recurrente en la obra de esta creadora y que se desarrolla significando la
unión en el nivel sentimental y anímico entre seres muy diferentes e incluso
antagónicos.
Niñas del Ande
3. El mañana
de los niños
Esta unión se logra a través de
la coincidencia de sentimientos entre los personajes, quienes encuentran
armonía gracias al descubrimiento de que somos familia, prójimo y semejantes.
El tema de la comprensión le
permite a Rosa Cerna ingresar al fondo del alma de sus personajes, para
entresacar aquellas fibras que lo entrelaza con las demás personas, hallando en
el extraño y diferente una identidad tan valiosa como la suya.
En este proceso, la autora
ubica también el tercer tema: la inclusión que logra hacer que sus actores en
las situaciones que viven se sientan hermanados pese a las naturales diferencias
que caracterizan a cada uno de los seres humanos.
Quizás en esto aflora su
actitud de maestra, siempre atenta al ser y al comportamiento de niños, jóvenes
y adultos que a ella acuden y a ella se acogen.
4. El rumor
del mar
Rosa Cerna es quien bajó desde
las altas montañas y pudo finalmente llegar al océano, y a la inmensidad, a
quien le habla y le dice:
Acaricio en tus ojos
la forma de los peces
y todo lo marino que acontece en ti,
las grutas que la esponja cala bajo el agua
el incesante ruido con que se mece el mar.
La nevada espuma que golpea las riberas
y la
remota estrella reflejada en tu ser.
Creo que ese mar palpable o
supuesto, real o inventado es su propia perfección y su propia infinitud.
Inventado no, porque me confesó
que ella para dormir se dejaba arrullar por el rumor del mar y el flujo y
reflujo de las olas que se oían incluso de día desde su casa en el litoral de
Barranco
El mar de Barranco en Lima
5. La huella
que lleva
Nada mejor para ilustrar todo
lo dicho en relación con Rosa Cerna Guardia, lo que ella misma nos expresa en
el pórtico de “Los días de Carbón”, con lo cual quiero finalizar esta nota de
nostalgia y de adhesión plena a su ejemplo de artista y de maestra.
Es en estas palabras en donde
encuentro el secreto de su mensaje, la imagen y la metáfora profunda de su
existencia, espejo de lo que ella es espiritualmente, cuando nos habla de este
modo:
Poseo como nadie, la imagen del ave que
un día murió en mis manos. Me ha quedado para toda la vida su último temblor y
sus suspiros.
Es como una huella que llevo; por ella,
todos podrán reconocerme como la mujer que tiene en su mano una cicatriz
embellecida por la semilla del trigo que, teniéndola en el pico, no alcanzó a
tragar.
6. El
rozar
de
sus alas
Y
continúa diciendo:
Llevo esa semilla dentro de mí como si
llevara un secreto muy hondo por hermoso y querido.
Su corazón ya sin palpitación, está
unido a mis latidos y sus ojos me miran a través de todos los árboles que miro.
A veces cuando estoy triste pienso en
ella.
Su alma que vivió en los cielos me hace
sentir la frescura del aire que rozó sus alas; entonces, recuerdo que llevo
este secreto y me siento feliz.
Y creo también que estas son
las palabras emblemáticas para toda la vida y obra de esta poetisa de la vida.
De esta decantadora de los
sentimientos más sutiles del alma humana, esta mujer de la ternura suprema,
ovillo de luna y madeja de sol.
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