La actitud moral tiene su base en el hogar, desde donde se proyecta al
vecindario, a la comunidad; avanza a los centros educativos y laborales y cubre
el espacio público.
Y es esta una responsabilidad que compete cumplir a todos los seres
humanos y no solo a algunos profesionales o a algunas instituciones.
Porque enseñar y hacer el bien no es una acción que se delega para que
la cumplan determinadas entidades, instituciones o personas, sino que es una
misión que nos compete a todos cumplir.
Esta es responsabilidad del conjunto de los ciudadanos sin distingos ni
excepciones; porque ello es un fundamento esencial para asegurarnos una
existencia digna como individuos y comunidad. E irradia a la totalidad de la
sociedad.
En este sentido siempre me conmovió en el mundo andino el pago a la
tierra en todo acto cotidiano. Si es tomando un vaso de agua derramando parte al
espacio que habitamos, estableciendo con ello un lazo de pertenencia y de filiación.
Educando en el espacio público
2. Dejarlos
igual o mejor
Consolidar pertenencia, filiación y compromiso. Lograr enseñar que estar
frente a los bienes públicos no es ocasión propicia para el hurto ni el saqueo.
Sino que más bien ellos constituyen los recursos más preciados que nos ha
tocado cuidar, porque son la herencia colectiva que recibimos de nuestros
antepasados y que proyectamos hacia nuestros hijos.
Lograr hacer sentir y enseñar que los bienes públicos no son ajenos, que
no son tierra de nadie, que no son, por resentimiento, predio de nuestros
enemigos; y entonces hay que depredarlos.
Hacer entender que debemos dejarlos igual o mejor que cuando los
encontramos. Y como el legado que asimismo nosotros hacemos a los demás. y a
las nuevas generaciones por venir.
Lograr inculcar que los bienes públicos son lo primero que hay que
defender, respetar y valorar como algo inalienable porque son indispensables para
el bien común.
Educando sobre el bien común en el espacio del aula
3. Donde luce
un farol
Y bien público no solo es el tesoro que se utiliza para sostener
hospitales y otros servicios básicos, sino que son también las calles, los
parques y los edificios.
Donde luce un farol en una esquina, un friso en una puerta, la filigrana
de una cornisa, o una flor en un jardín.
Que son tan importantes, o más que la vitrina de la sala de nuestra
casa, en donde no se puede arrojar basura, escupir, orinar o hacer actividades
reñidas con el buen gusto, con las buenas costumbres, y en conflicto con la
decencia y la moral.
Considerar que la educación debe cumplir una permanente y militante
acción cívica. Que ella no se reduce a conocimientos técnicos ni meramente
operativos.
Ni se reduce a dependencias donde funcionan oficinas del estado que
acumulan papeles, expedientes; o donde se realizan trámites administrativos.
Niños que atienden a ejemplos
4. El ciudadano
de a pie
Tampoco ella se confina a los centros educativos encerrados entre muros
o linderos; ni depende de los ministerios, vigilados por guachimanes y cercados
con alambres de púas; o de vidrios fragmentados y en punta.
O cerradas las calles con rejas de fierro que son un símbolo de estrechez
de mente y de criterio de quienes las han puesto, mezquindad del alma y
amilanamiento de parte de la gente.
La educación se forja a partir del hogar, como también cuando maestros y
niños se proyectan a la comunidad, enseñando a conducirse y actuar en ella.
Educación que es defender y respetar lo que es valioso cualquiera sea la
ubicación y la instancia en donde yo me encuentre, sea autoridad o sea simple
ciudadano de a pie.
Las vicuñas que son propiedad de la comunidad
5. La base
es la identidad
Educación que es embellecer cada lugar y mejorar la vida con actos
nobles, abnegados y altruistas.
Educación que es imbuirnos de identidad y amor por nuestros pueblos, por
la naturaleza y sus recursos; por los paisajes que nos arroban el alma; y por
la gente que lo habita, con quienes es importante establecer relaciones de
respeto mutuo, de estimación y hasta de sincero cariño.
Con todo ello se trata de la refundación del hombre mediante la
educación, que a su primera naturaleza añade otra cualitativamente mejor, sobre
la base de su identidad.
Y ella es la de ser personas con criterio ético, y culturalmente
acrisoladas, formadas no solo de cuerpo con sensorialidad, sino como seres
humanos con espíritu elevado, poseedores de un depurado sistema de valores; con
una visión superior acerca del mundo, y coherente con el bien común.
Formación en valores
6. Acrisolar
una fe
En esa perspectiva la educación tiene que tener pertinencia y
perspectiva en la cual, si la escuela deja de tenerla y no forma para la vida,
su accionar no están cumpliendo con la misión que la sociedad le ha encomendado
cumplir y consumar.
En donde, así como se educa para los Derechos Humanos hay que educar
también para el cumplimiento de los Deberes Humanos individuales y colectivos,
que es imprescindible que todos y cada uno de nosotros debamos comprender y
practicar.
Y aún más, para asumir los Deberes Colectivos, en donde cabe educar para
la pertenencia, la filiación y para acrisolar una fe que nos haga seres a la
vez trascendentes.
Reconociendo que no hay mayor bien ni riqueza que una conciencia limpia
y en paz; ni hay mayor premio, gloria y felicidad que una vida que nosotros
desde nuestro interior la reconocemos honrada, intachable y leal.
Fotos 1 y 2
Jaime Sánchez Lihón
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