miércoles, 9 de diciembre de 2020

9 de diciembre. Día de la Batalla de Ayacucho. / Somos libres, seámoslo siempre.


9 DE DICIEMBRE 
DÍA DE LA BATALLA DE AYACUCHO 

SOMOS LIBRES, 
SEÁMOSLO 
SIEMPRE 

Danilo Sánchez Lihón 



Plaza de Armas de Ayacucho


1. Vivida 
en nuestros juegos

 

Siendo niños los temas de historia aprendidos en la escuela los recreábamos luego en nuestros juegos, utilizando los nombres de los personajes en nuestras propias hazañas. Y hasta las toponimias de los lugares en donde habían ocurrido los hechos históricos nos servían para territorialmente señalar nuestros teatros de operaciones; sea en el recreo escolar, o ya sea al juntarnos a jugar fuera de la escuela, y en las disputas que teníamos propias de los juegos infantiles. Así la enseñanza de la historia llenaba nuestra fantasía que ahora, con el dominio del entretenimiento en base a la tecnología de la industria cultural de los países hegemónicos, se ha pasado a reemplazarlos por monstruos y fantasmas como zombis, tronos e impostores.

En mi escuela teníamos colgados en los muros láminas coloreadas de los principales eventos ocurridos en la historia del Perú, desde la escena de la Isla del Gallo, pasando por la muerte de Atahualpa, la proeza de la lucha a sable limpio en Junín y la gesta épica del Huáscar en Punta Angamos. No podía faltar evocaciones de la Batalla de Ayacucho acerca de la cual había un cuadro de la composición de los dos ejércitos con las divisiones emplazadas en el Cerro Condorcunca y en la Pampa de la Quinua, otro de la arenga de Sucre y un gráfico más acerca de la capitulación.

 

José Antonio de Sucre


2. Con tono

decidido

 

De ese modo aprendí que luego de la victoria de las fuerzas patriotas en los campos de Junín, el general José de Canterac huyó hacia el sur para acampar y establecer su cuartel general en Chalhuanca en espera de refuerzos procedentes del Cusco.

En tanto Simón Bolívar avanzaba también hacia el sur por la misma ruta, para después retirarse a Pativilca dejando al ejército al mando del general Antonio José de Sucre, de apenas 29 años de edad, quien se encargaría de llevar adelante la campaña de Ayacucho.

Los sucesos, sin embargo, se habían complicado de tal modo que todo lo obtenido hasta ese entonces parecía perderse y echarse a la ruina.

Fue en esas circunstancias que don Joaquín Mosquera, ministro de Colombia, le pregunta a Bolívar en Pativilca, casi sin poder contener las lágrimas, esperando un cauteloso repliegue, dadas las altas deserciones en el ejército:

– ¿Qué piensa hacer usted ahora?

A lo que Bolívar con tono decidido, le contesta:

– ¡Triunfar!

 

En la batalla se ha vencido


3. Unidos

todos

 

Mientras, el ejército patriota proseguía su marcha desde el río Apurímac, el Virrey La Serna hacía lo propio avanzando desde el Cusco.

Entre fines de noviembre y principios de diciembre, ambos ejércitos se avistaron y marcharon paralelamente por cumbres y bajíos.

En ese trance se produjeron algunas escaramuzas que ocasionaran fuertes bajas en el ejército patriota en la quebrada de Colpahuayco.

Posteriormente ambos ejércitos continuaron su marcha hacia Huamanga, preparándose para el momento del ataque decisivo.

Sucre acampó en la Pampa de la Quinua y La Serna se apoderó de las alturas del Cerro Condorcunca.

¿Quiénes conformaban esos ejércitos? De parte de los nuestros jóvenes de apenas 18, 19 y 20 años, pero ya paladines de cien batallas, hombres de fábula que encarnaban un sueño colectivo en donde estábamos unidos todos los países de nuestra América morena.

 

General Agustín Gamarra


4. Nacido

en el Cusco

 

Los días previos a la batalla los realistas dispusieron su ejército de modo que la División de Jerónimo Valdés quedaba ubicada a la derecha del cerro Condorcunca.

La división de Juan Antonio Monet, al centro. Y la división de Alejandro Villalobos a la izquierda.

En verdad a ellos les correspondían todas las ventajas. La artillería de once piezas de las fuerzas imperiales fue emplazada en la cumbre del cerro Condorcunca.

En cambio, las fuerzas patriotas fueron dispuestas de manera que frente a Valdez estuviera la División de José de La Mar. Al centro contábamos con la División de Jacinto Lara. Y la División de José María Córdoba tomó posiciones frente de las columnas de Alejandro Villalobos.

La caballería iba a la retaguardia de la División Lara y quedaba a órdenes del Mariscal Guillermo Miller.

Como jefe del Estado Mayor actuaba el general peruano, nacido en el Cusco, don Agustín Gamarra.

 

General José María Córdoba


5. A las diez

de la mañana

 

Así, desde el amanecer del día 9 de diciembre de 1824 los jefes de ambos bandos pasaban revista a sus divisiones y arengaban a sus hombres, estando tan cerca que se oían estos alegatos como los sones de tambores y clarines.

Es importante mencionar que el ejército realista superaba en número y armamento al ejército patriota, con 6.906 soldados a favor de España, y de solamente 5780 a favor de la independencia de América.

Son históricas las palabras de Sucre despertando en sus soldados el espíritu patriótico y el anhelo de la victoria final:

“¡Soldados! De los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur. Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia. ¡Soldados! ¡Viva la libertad!

A las diez de la mañana se rompieron los fuegos de manera simultánea y contundente de parte de todas las divisiones españolas, haciendo retroceder ineludiblemente a los patriotas quienes combatían de abajo hacia arriba.


Monumento en la Pampa de la Quinua en Ayacucho


6. La caballería

patriota

 

Los españoles, que ocupaban la parte alta del cerro bajaron velozmente y arremetieron frontalmente con sus columnas.

Pero la División Córdova tomó la iniciativa del avance con su arenga:

– ¡Armas a discreción!

 Y después gritó como en un aullido:

– ¡Paso de vencedores!

Su convicción en la arremetida hizo que se desorganizaran los realistas, logrando capturar en su acometida hasta la mitad del cerro Condorcunca, operación que fue decisiva.

De otro lado, la División La Mar, que soportaba el duro ataque de la División Valdez, pero auxiliado por Lara, logró poco a poco doblegarla.

Al mismo tiempo, la división Monet había sido detenida por la caballería patriota y la lucha cuerpo a cuerpo fue encarnizada.

 

Capitulación de Ayacucho


7. El duro

camino

 

A mediodía la resistencia española iba agonizando lentamente.

Era la una de la tarde y ya el combate había llegado a su fin, sellándose en la historia la más gloriosa victoria de las fuerzas que definían la libertad del Perú y de América.

Producto del furor de la contienda quedaban regados en el campo de batalla 370 muertos y 609 heridos de las fuerzas patriotas, frente a 1,800 muertos y 700 heridos y hechos prisioneros como bajas de parte de las fuerzas realistas.

Terminada la batalla, en esa misma tarde del 9 de diciembre, se firmó la Capitulación de Ayacucho suscrita por José Antonio de Sucre, en nombre de los patriotas, y por José de Canterac en representación de la corona española.

En este documento se establece que todo el territorio bajo custodia española sería entregado al ejército libertador.

De este modo la dominación del viejo mundo europeo había llegado a su fin, y con ello terminados los largos siglos de coloniaje. Y se iniciaba el duro camino de nuestra plena libertad.

 

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