1. Punto
Para reflexionar en serio acerca
de la literatura infantil propongo partir de una pregunta básica. Y dicha
interrogante es esta: ¿Podrá salvar el mundo? ¿Es válida en el mundo actual
para encarar los graves problemas del presente y darles solución?
Cuestionamiento moral, porque
debiéramos adscribirnos y militar en donde estemos absolutamente convencidos
que radica allí la solución total acerca de los problemas y los conflictos
capitales de nuestra realidad. Porque si no estamos situados en el punto clave
desde donde mover la llave maestra para cambiar el mundo, quiere decir que no
estamos en la posición correcta. Si ella no es la solución entonces salgamos de
aquí y vayamos hacia aquel lugar donde consideremos que está la clave para dar
solución y resolver todos los problemas que aquejan a la humanidad.
Si es necesario subir a la
montaña porque esa es la conclusión a la cual llegamos, y en ello creemos: cual
es que hay que coger las armas, escalemos entonces el monte y proclamemos desde
allí nuestra rebelión. Esa no es mi conclusión. Pero, en donde estemos seguros
que allí reside el punto de apoyo de la palanca que ha de ser capaz de cambiar
el mundo, allí debemos estar.
2. A favor
de la vida
Por eso yo estoy aquí. Porque
yo hace tiempo identifiqué este claro de bosque para luchar por el cambio
definitivo.
Y por eso yo lucho desde esta
trinchera, desde esta atalaya que es la literatura infantil. Es decir, la
lectura de la palabra creativa que trasunta verdad y belleza.
Y en su trama encuentro que
está la tierra de promisión, y es esa la bandera que elevo y a la cual convoco
para cambiar la realidad haciendo un mundo mejor.
Si así pensamos, si es esa
nuestra convicción y fe de quienes nos hemos reunido aquí, permanezcamos
entonces vigilantes en esta colina y punto de vigía.
Y hagámonos presentes aquí
con toda convicción. Y militemos fervientemente por lo más caro y trascendente
que hay en la vida.
Porque, tal y cómo están las
cosas no podemos perder ni un minuto de tiempo sin que acertemos a que todo sea
verdad, y la verdad victoria a favor de la vida y la humanidad.
3. Y,
¿cómo?
Porque tal y como vienen
ocurriendo las cosas hay que actuar de inmediato, porque de ese lapso pende
salvar el mundo.
Ni nos es posible perder esta
batalla porque es la definitiva, porque ocurre en la mente y en el alma de los
seres humanos que de ese modo recuperan además su esencia de hombres, y que se
identifica tanto con el ser de los niños. Planteado así el problema la pregunta
que surge es:
– Entonces, ¿la literatura
infantil sirve? ¿Sirve para algo en una situación tan terrible?
¿Pero en nuestras realidades,
tan atravesadas de crisis, deformaciones, desquiciamientos, corrupción y hasta
infamia? ¿Y en un mundo tan desalmado y hasta espeluznante? ¿Verdaderamente
sirve? Y la respuesta convicta y confesa es:
– ¡Si, sirve!
– ¿Tiene entonces vigencia y
funciona? ¿Nos es útil para superar situaciones adversas, complejas y hasta
aberrantes que se han levantado por doquier?
– ¡Perfectamente! Es el arma eficaz
y contundente1
4. Arma
suprema
– ¡Sí! Es lo único que se
precisa ante monstruos y endriagos como los que se han levantado. Porque los
pulveriza y acaba con ellos.
– ¿Así? Y, ¿cómo?
Ella, ¿la literatura infantil
tan tierna, hasta aparentemente ingenua, menuda y lábil, que tiene el sello de
lo íntimo, entrañable y hasta candoroso? ¿Puede ayudarnos a vivir ante tanta
catástrofe?
¡De eso se trata! Ella ha
sido hecha para situaciones como esta.
¿Resuelve cuestiones raigales
del mundo real y objetivo? ¿O estará bien considerarla un mero deliquio,
confinado a la órbita del ensueño, de la fantasía y de la ilusión? ¡No! De
ninguna manera.
Grandes males, hechos
perversos asolan la vida actual: campea en la tierra el abuso, la iniquidad y
la vileza. Y para hacer frente a estas atrocidades se necesita un arma suprema.
Y, como secuela, en la gran
mayoría prevalece ¡la hosca y helada indiferencia!
¿Puede enfrentarse la
literatura infantil a estos engendros, monstruos y esperpentos?
5. Para
siempre
¡Sí! ¡Puede! En esto creemos
fervientemente. Porque hasta ahora, para corregir la realidad, lo hemos
intentado todo. Y los males continúan más exacerbados. Por eso, se requiere de
algo mayor, de una proyección milenaria.
Al punto que pensamos –sin
perder objetividad y sin incurrir en idealismo– que es solo ella la que puede
cambiar el mundo.
Decíamos por eso, que sí,
puede.
Primero, porque nos enseña a
asumir los problemas y a comprometernos con ellos, luego a encarar las
anomalías y deformaciones, a liberar potencialidades de signo afirmativo.
Y, finalmente a resolver los
asuntos fundamentales de la vida con honestidad, ingenio y valor.
Y termina, graciosa pero
sinceramente, imbuyéndonos de heroísmo ¡y salvando al mundo para siempre!
6. Revocan
y redimen
No se trata pues con la
literatura infantil de perpetrar una evasión, tampoco solazarnos con el adorno
ni extraviarnos en el deleite.
Vía por la cual queramos
escaparnos a soñar mundos irreales, y consecuentemente vacíos y artificiales,
sino dar solución a los problemas acuciantes de nuestro entorno y de nuestro
presente.
Pero, ¿de qué modo? Pondré
solo un ejemplo, mostraré solo un botón de oro de este arte atávico, una seña
de esta llave maestra.
Lo primero que nos enseña la
literatura fantástica tradicional en los relatos ancestrales como son los
mitos, leyendas y cuentos de hadas; fábulas, apólogos y relatos folclóricos, es
a no rehuir los males.
Nos descubre y muestra que
los espantos, lo grotesco y los estados horripilantes se salvan, se revocan y
redimen además con estos tres componentes implícitos e inmersos en la
literatura infantil, cuales son: honestidad, ingenio y valor.
7. Nos hará
eternos
Pero nos enseñan estas joyas
de la sabiduría humana, y desde el inicio, algo fundamental, cuál es: el
compromiso.
Que hará que descubramos que
detrás del dragón, del ser contrahecho y monstruoso, detrás del endriago y
esperpento, habita un ser extraordinario, querido y de belleza sin par.
Nos enseña a arrojarnos a la
entraña del monstruo. A no rehuirlo, pese a lo atroz que sea o que aparezca con
su aspecto repulsivo y atroz.
Nos enseña que vayamos a ello,
pero imbuidos de los mejor de los valores contrarios u opuestos que como nunca
se agigantan y acrecientan.
¿Qué otro campo o actitud lo
postulan y concretan en el alma humana? Ninguno. Incluso las religiones lo
rehúyen. Y los ejércitos sencillamente lo combaten. La literatura infantil radicaliza
el bien, pero no para enfrentar el mal desde fuera sino desde dentro.
Puede por último el mundo
sucumbir, pero quedará el testimonio, solo en la literatura infantil, que sin
rehuir el mal ni desestimarlo, supimos aspirar al bien, a la belleza, a la
verdad. Y ello nos hará eternos.
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