¿Qué es para mí
literatura infantil? Es aquella cuyo meollo y centro es el espíritu de
infancia. Que está imbuida de esa marca y de ese carisma que es su esencia.
Y el espíritu de
infancia lo encuentro en todas las grandes obras maestras de la literatura
universal. Desde los cantos nacionales, desde la literatura folclórica de todos
los pueblos, hasta las grandes obras cumbres de la literatura de todos los
tiempos.
Lo encuentro en los
cantos homéricos, El Quijote o España aparta de mí este cáliz. Y leo las
páginas de estos libros con el espíritu de infancia que, para mí, además, es el
verdadero espíritu.
Y encuentro ese
espíritu en toda literatura escrita con autenticidad, grandeza y sinceridad. Y siento
que lo mejor y más excelso de la literatura está atravesado de ese espíritu. Al
ocuparnos entonces de la literatura infantil nos ocupamos entonces de esa
literatura esencial.
2.
Recuerdo aún en mi
escuela el relato que nos hacía el maestro de La Odisea a modo de cuento y el
fragmento que nos leía del ruego de Odiseo a la diosa que lo mantenía cautivo
porque se había enamorado de él, diciéndole:
Diosa soberana,
no te enfurezcas conmigo por eso.
Sé también yo
muy claro todo esto:
que la prudente
Penélope es inferior a ti en belleza
y en figura al
contemplarla cara a cara,
y ella es
mortal, y tú inmortal e inmune a la vejez.
Pero aun así
quiero y anhelo todos los días
llegar a mi casa y conocer el día del regreso.
¿No es acaso el
mismo anhelo de un niño de volver a casa, sabiendo que ha corrido mil aventuras
y ha sorteado peligros como el mismo Odiseo, pero que ya es hora de recogerse
en su hogar? ¿Y cuál es la hora de cumplir con este anhelo?
3.
Y no me olvido, como
no se olvida ninguno de mis compañeros de clases cuando apenas a los diez años
el profesor Romeo Solís Rosas nos leís El Quijote, que repetíamos de memoria en
el recreo, maravillado y literalmente viendo en el telón de nuestros sueños
cada imagen recreada de Don Quijote, cuando comienda de esta manera, y que
divido en versos para delectar mejor esta sucesión de estampas:
En un lugar de
la Mancha,
de cuyo nombre
no quiero acordarme,
no ha mucho
tiempo que vivía
un hidalgo de
los de lanza en astillero,
adarga antigua,
rocín flaco y galgo corredor.
Una olla de algo
más vaca que carnero,
salpicón las más
noches,
duelos y
quebrantos los sábados,
lentejas los viernes…
¿Qué mundo más próximo al nuestro? Era como si El Quijote fuera uno de nuestros aldeanos solo que con lanza y escudo, pero la misma pobreza y el mismo idealismo de desfacer entuertos y arreglar los males del mundo.
4.
Porque hay el peligro
de conceptuarla y confinarnos al abordar ella en un criterio más bien
restringido y parcial, como una parcela o clase de literatura dedicada a una
edad cronológica.
Y bajo esa óptica creer
entonces que la literatura infantil es la destinada a personas nacidas entre
los cero y trece o catorce años de edad.
Criterio con el cual
llegamos a lo que son para mí verdaderas ridiculeces o aberraciones, como es la
de clasificar o tipificar los libros diciendo y rotulándolos: para niños de
cinco a siete años de edad.
Estos otros para
niños de ocho a once años de edad. Estos para niños de once a catorce años de
edad. Y se encargue escribir exprofeso para esas casillas o nichos.
De esa literatura yo no me ocupo. Y creo que nada desprestigia tanto a la literatura infantil como tener consideraciones de este tipo.
5.
Me ocupo más bien de
una literatura marcada por el espíritu de infancia que lo leen personas de toda
edad. Incluso más aquellas personas que han vivido mucho y que han adquirido
una gran experiencia. Y que saben cuál es la verdad de la vida, de los seres,
los fenómenos y de las cosas.
De personas que leen
desde la perspectiva de buscar lo que es la sabiduría y la trascendencia, como
cuando César Vallejo dice, ¡Niños del mundo!:
¡Bajad el
aliento, y si
el antebrazo
baja,
si las férulas
suenan, si es la noche,
si el cielo cabe
en dos limbos terrestres,
si hay ruido en
el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a
nadie, si os asustan
los lápices sin
punta, si la madre
España cae –digo,
es un decir–
salid, niños del
mundo; id a buscarla!…
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