sábado, 12 de diciembre de 2020

12 de diciembre. Acuerdo Mundial sobre Cambio Climático. París 2015. / Retumba y corre el río.


12 DE DICIEMBRE 
ACUERDO MUNDIAL SOBRE CAMBIO CLIMÁTICO. PARÍS 2015.

RETUMBA 
Y CORRE 
EL RÍO 

Danilo Sánchez Lihón 





Junto a las aguas del Leman 
me senté a llorar… 
T. S. Eliot 
El sermón del río 


1.

 

– Eleuterio, dime: ¿no se saldrán y nos arrastrarán esas aguas del río?

– No se salen, niño. Aquí el río corre encajonado.

– Pero si se carga y si se sale podría llegar hasta aquí donde estamos?

– Nunca ha llegado, ni se ha salido, niño.

– Pero siento que la tierra retumba y tiembla. Y podría derrumbarse y caerse hacia el río.

– Parece que tiembla, pero es el ruido del agua que baja de la montaña.

– Yo siento que se mueve.

– Te parece, niño. Es porque al golpear las aguas en la roca resuena. Y son los dos ríos que aquí se juntan y chocan

– ¿Estamos aquí sobre roca?

– Sobre roca firme, niño.

 


2.

 

Braman y retumban aquí las aguas. Y rugen y atruenan más por las noches, pero no se salen de su cauce.

Eso sí, salpican furiosas hacia lo alto formando una nube de neblina y espuma que se revuelve durante el día contra el verde y ocre intenso de los campos.

– ¿Nunca se han salido estas aguas, Eleuterio?

– Nunca. Y ya duerme tranquilo, niño. Como están durmiendo los demás.

Pero yo no, porque el fragor del río es horrible. Gimen en la noche atroces y aciagas las aguas. Aunque todos duermen en esta choza que se alza a su orilla.

Aguas que se revuelven feroces, precipitándose en cascadas y turbiones, hecho todo de espasmos y furor, de espanto y asombro.

Y de horror por todo lo que arrastran. Aguas que pasan misteriosas e indescifrables.

 


3.

 

Hemos venido Juvenal y yo en las vacaciones del mes de julio a la cosecha de papas en Guamanchal, en donde se juntan dos ríos.

Uno es el Río Coche. Y el otro se llama el Río Blanco porque de él se ve la estela que alzan sus aguas enfurecidas y que bajan desde lo alto, que es la jalca, y por entre las montañas escarpadas.

Entre los dos hacen una turbulencia de ondas espumosas y encajonadas que no alcanza totalmente a verse, por la maraña de lianas y bejucos que crecen a su vera.

Y por lo intrincado y salvaje del terreno, pero cuyo fragor se oye como una premonición y una condena.

Aquí se juntan los dos ríos, para después precipitarse entre rocas y grandes peñas descendiendo por tierras de Chacomas. Pero que bastan sus bramidos, hondos y broncos, para sentir cómo se estremece la tierra, lugar que ya es jalca adonde a ratos llueve torrencialmente.

– Tengo miedo, Eleuterio.

 



4.

 

– Ya todos duermen. Duerme tú también, niño.

Me vuelve a repetir, mientras en plena oscuridad chaccha su coca.

– Y, ¿a dónde van esas aguas?

– Al mar, niño.

Y el mar lo siento como algo peor, tan hondo, vasto e inconmensurable. Y ante ello ¡la vida!

¡Ah, la vida! ¡Lo que es la vida! Me digo yo llorando en la oscuridad.

¡La vida tan frágil e indefensa! Y, al final, si no es esta ¡son otras aguas las que nos devoran!

O es este o es otro río. Y que terminan arrasando la choza que nos alberga. ¡Y cargando con nosotros para sepultarnos en cualquier otro sitio, o mar!

Pero ya no quiero hablar, y me escondo entre las mantas.

 


5.

 

No sé si Eleuterio me ha escuchado llorar, pero escucho que dice:

– ¡Duerme tranquilo, niño! ¡Yo te estoy cuidando!

Y siento que su voz me alivia. Siento que, entre el río y el mar indescifrables, hay palabras que sí entiendo y comprendo.

Y que Eleuterio es la voz de Dios. Y así recién duermo hasta despertar por la mañana entre trinos de pájaros.

Y voces cantarinas de gente en el corredor y el patio ya se afanan en algo. Son voces de mujeres, y de los hombres que se alistan para la faena del trabajo en la chacra.

Escucho el restallar de la candela. Y siento el olor de alguna fritura en el fogón de la cocina, y en la mañana radiante.

¡Ah, la vida! Que no sabemos lo que es. Que pasa por debajo de nuestros pies, por el costado de nuestros pasos, a nuestras espaldas. Y que se lo siente más por las noches en que las aguas retumban feroces y aciagas.

 

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